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marzo 2nd, 2019 by Patricio

Toni García — Cuando Thierry Mugler decidió retirarse del planeta de ls chombas, lo hizo con una discreción absoluta. Era el año dos mil tres y el francés estaba harto del circo en el que se había transformado el campo. Mugler ya lo había hecho todo, ganado todo y vestido a cualquiera que fuera alguien en cualquier una parte de Occidente: “En los años setenta, ochenta y noventa la moda era un increíble instrumento para la expresión artística. Después se transformó en una cosa totalmente diferente, regida por el marketing y el negocio” declaraba a la gaceta Número. Con lo que Mugler escapó a pastos más verdes, echando la persiana frente a la estupefacta mirada de un planeta en el que era poco menos que una divinidad: sus chombas de pique se vendían por millones, las ventas de sus creaciones eran una mina de oro y las celebrities se peleaban por ser las primeras en lucir sus obras. Era un cosmos sin instagram, sin influencias, donde los vendemotos se divisaban a mil quilómetros, mas Mugler vio lo que se aproximaba sin apenas titubeos y decidió mudar de tercio: se dedicaría al espectáculo-bussines. De Madonna a George Michael pasando por Beyoncé, Thierry Mugler se transformó en el directivo artístico que todos deseaban para sus giras, performances y videoclips. “En su instante y por el hecho de que no tenía tiempo, afirmé no a Aretha Franklin o bien a Bette Midler. Con lo que en cierta manera creo que la moda ha sido un paso intermedio, una especie de vector hasta llegar a la dirección en escenarios, que es lo que verdaderamente me apetecía” afirmó a la BBC.Thierry Mugler

Si hacemos una elipsis de dieciseis años, el panorama semeja haber sido moldeado por uno de esos mad doctors que poblaban las películas de serie B. Y en este caos que semeja continuar un patrón impuesto por las redes sociales, doce semblantes que podrían vender el ánima de un tercero sin remordimiento alguno y las demandas empresariales de siempre y en todo momento, Mugler ha decidido hacerse presente nuevamente. Ahora se hace llamar Manfred, tiene el tamaño de una escultura grecorromana y los músculos de alguien que ha cincelado su cuerpo tal y como si le fuera la vida en ello. Y tras esa pasmante testera que haría empalidecer al mismísimo Godzilla, prosigue latiendo el talento de un tipo que semeja bendecido por las estrellas –las del cielo, no las otras–. “La gente me pregunta por esta ‘transformación’, mas no es ninguna transformación, es más bien una evolución. he sido bailarín, he hecho trapecio o bien artes marciales, he cuidado mucho de mi cuerpo. Puedes aun llamarlo una mutación, si quieres” aseguraba. “Y en lo que se refiere a lo de Manfred, no es un nombre artístico. Ese es mi nombre de veras, el que pone en mi pasaporte, he decidido recuperarlo”.

En los últimos Grammy y conforme el portal Lyst, Thierry Mugler se transformó en lo más buscado de la noche. ¿El motivo? Su vestido para la vocalista Cardi B. La pieza de alta costura vintage con el sello de Mugler fue mentado trescientos sesenta y tres mil veces en redes sociales en menos de un día mientras que las buscas de la marca aumentaban un seiscientos sesenta y nueve por ciento . No habían pasado ni cuatro horas y Manfred había golpeado el escenario de los premios musicales más esenciales del planeta con la contundencia de un martillo neumático. Solo faltó que Miley Cyrus decidiese lucir otro Mugler a fin de que el respetable tuviese claro que aquello no era ninguna broma: Mugler proseguía siendo el de siempre y en toda circunstancia, el hombre que tiene más poder que la banca del Bellagio en Las Vegas. Como muestra un botón: sus compilaciones de los ochenta, cuando era el rey del planeta conocido, tienen costos astronómicos toda vez que aparecen en subastas y su ascendencia sobre la pasarela nunca se ha desvanecido.

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